Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasEl silenciolunes 29 junio, 2009Solo esojueves 21 marzo, 2013Pájaros de la nochejueves 25 junio, 2009 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas