Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasCosturasmiércoles 13 junio, 2012CLXXXVII.- A llorar se aprendejueves 17 julio, 2014LA BANDERA DE LOS ANDESmiércoles 22 febrero, 2012 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas