Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadassin titulojueves 14 mayo, 2009Abrillunes 5 mayo, 2014Manitas vaciasjueves 25 junio, 2009 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas