Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasJuego de damasmiércoles 10 octubre, 2012Investigación: rosarinos frente a las pantallasmartes 22 julio, 2014Canariolunes 22 julio, 2013 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas