Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasRetrato de una hijamiércoles 21 agosto, 2013SENDEREARlunes 1 junio, 2009VIVIR Y MORIRjueves 28 mayo, 2009 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas