Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasJuego de damasmiércoles 10 octubre, 2012Ludovica Squirrujueves 6 diciembre, 2012Amorviernes 22 mayo, 2009 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas