Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasUn largo crepúsculomiércoles 2 enero, 2013Carlos Uriartejueves 4 octubre, 2012El amor nos destrozarámiércoles 31 octubre, 2012 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas