Cuando nací me pusieron dos lágrimas en los ojos para que pudiera ver el tamaño del dolor de mi gente. Humberto Ak-Abal Entradas relacionadasCXXV.I.- La música de María Inésmartes 14 octubre, 2014CIV.- Una excepción al manual de perdedoreslunes 26 enero, 2015José Ingenierosjueves 26 julio, 2012 Entrada anteriorEl fuegoSiguiente entradaEl Bar