Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasCorazónviernes 22 mayo, 2009Wikipediajueves 20 septiembre, 2012Memorias de un realista olvidadomiércoles 12 diciembre, 2012 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas