Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasAlbert Einstein, la conexión entre la ciencia y la filosofíajueves 2 junio, 2011No importajueves 18 junio, 2009BAUTISMO COSMICOviernes 10 julio, 2009 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas