Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasMaquiavelo y el Estadolunes 15 julio, 2013XXV.I.-Consideraciones Generales y Observaciones particulares Sobre las Fotografíasmiércoles 1 octubre, 2014CXLII.- UN HUMILDE PERO HISTÓRICO HOMENAJElunes 12 agosto, 2013 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas