Mientras la pluma se mantenga encendida las palabras del poeta deben arder sobre la hoja hasta que el lector quede ciego. Humberto Akabal Entradas relacionadasPenúltimo escalónlunes 20 mayo, 2013XIII.- NECESITAMOS TANTO A LOS OTROSmartes 10 septiembre, 2013A la espera de la oscuridadmiércoles 5 septiembre, 2012 Entrada anteriorEl cielo de mi puertaSiguiente entradaEstos Poemas