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Publicado en enero 2nd, 2013 | por Editor

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Un largo crepúsculo

En su relato autobiográfico Noches azules, Joan Didion convierte la cruda experiencia de la vejez en material para una narración que se caracteriza por su economía y sencillez.

Si bien su nombre ha tenido escasa repercusión en Argentina, Joan Didion (Sacramento, 1934) forma parte de esa generación de escritores estadounidenses identificados con el Nuevo Periodismo, como Gay Talese, Tom Wolfe o el pionero Truman Capote. Autora de trece libros de no ficción y de cinco novelas, Didion encarna esa figura de escritora íntimamente relacionada con la industria cultural y el periodismo como sólo en la cultura estadounidense puede darse, y en cuya obra resuena no sólo la mixtura de géneros, sino también la soltura con que su escritura transita por ámbitos que -en otras tradiciones; la argentina, por ejemplo- se conciben más diferenciados, incluso antagónicos. Casada durante cuarenta años con el escritor John Dunne, incursionó también en la escritura de guiones cinematográficos, entre ellos, A Star Is Born de 1976 (en coautoría con Dunne y otros), cuya famosa película – Nace una estrella en su versión castellana- fue protagonizada por Barbra Streisand.

La obra de Didion ha cobrado renovada visibilidad en los últimos años, gracias a la publicación del libro de memorias El año del pensamiento mágico (2005), que obtuvo The National Book Award y cuya versión en castellano sólo circuló en España. Escrito a lo largo de ochenta y ocho días sin interrupción, a modo de duelo catártico por la abrupta muerte de su esposo, el libro incorporaba también el inicio de otra trágica situación cuyo desenlace se produjo, no obstante, cuando el manuscrito ya había sido entregado a imprenta: su única hija, Quintana Roo, falleció a los treinta nueve años, tras agonizar en el hospital. Esa segunda pérdida caló aún más hondo y fue recién en 2011 cuando Didion pudo recuperarla en otro nuevo ejercicio de expiación literaria: Noches azules , primer libro suyo que se publica en la Argentina.

Experimentada ya en la escritura autobiográfica, Didion propone una efectiva metáfora para sintetizar la experiencia que ocupa este nuevo libro: aquello que llama “noches azules”, es decir, los largos crepúsculos de comienzo de verano en el hemisferio norte, particularmente en Nueva York, en los cuales la luz se torna azul, “y al cabo de una hora, más o menos, este azul se acentúa, se intensifica aun mientras se oscurece y se apaga y se aproxima finalmente al azul del cristal de un día despejado […]”. Este fenómeno, que dura algunas semanas, crea un efecto de expansión del tiempo y, por añadidura, un goce pleno por la felicidad que vendrá: el verano, en un sentido literal, pero la sensación se amplifica a un estado de felicidad abstracta y potencial, similar al optimismo de saber que se tiene toda una vida o toda una tarde por delante que aún no está escrita y que, por lo tanto, puede ser la mejor de las vidas, la mejor tarde. Y si no lo fuera, puede ser reescrita, porque a fin de cuentas se trata de una ideal página en blanco (o en azul). No obstante, a medida que las noches azules desaparecen, Didion reconoce que “uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz se está yendo, los días se están acortando, el verano se ha ido”.

Noches azules está escrito, letra a letra, mientras se siente ese “escalofrío literal”, esa “visión de enfermedad”: con setenta y cinco años, habiendo perdido a su marido y a su hija, Didion no hace otra cosa que sincerar la otra cara, o la más profunda causa, de todo duelo: el temor a la propia muerte. El escalofrío que siente el lector al presenciar el fin de esta “noche azul” ajena se debe a la frontalidad con que la voz narradora describe las privaciones de la vejez, las enfermedades, el pasaje definitivo a esa noche sin luz -el fin de la juventud- que acaso se presente más aterradora que la propia muerte.

En una entrevista para el diario español El País, en 2006, Joan Didion definió su “ideal de estilo”: “Economía, claridad, sencillez. No hay nada más difícil que la aparente facilidad”. En efecto, Noches azules sigue esa concepción del estilo, y si tal vez no se trata de aquellos libros que atrapan desde la primera página (por el contrario, la escritura autobiográfica y el registro simple, casi coloquial, ponen demasiado en primer plano el yo “real” y por lo tanto la pregunta sensata podría ser: “¿A quién le importa?”), es cierto que bien avanzada la lectura, el lector cae en la cuenta de que ha venido transitando un ritmo efectivo y homogéneo, así como también el trazado de un diseño que logra elevar la cruda experiencia al estatuto de materia narrativa. Noches azules puede acaso leerse como una larga, catártica y efectiva glosa de un verso del poema “Endimión”, de Keats, que obsesionaba a Quintana y que Didion hace suyo: “Adentrarse en la nada”.

Noches azules
Joan Didion
Mondadori
Trad.: Javier Calvo Perales
150 páginas
$ 69.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1540556-un-largo-crepusculo


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