Cuentos no image

Publicado en febrero 9th, 2012 | por Miguel Amado Tomé

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Tres Monedas de Sol

Los bolsillos vacíos heredan manos vacías.

Allí están las manos sin nada.

Manos carenciadas que van y vienen, que se meten en los bolsillos que recorren la textura diferente del forro de tela, que se detiene en la costura, en el ir y venir sin propósito

De pronto extender las palmas hacia arriba, y mirar, hasta que el asombro estrena la sorpresa.

Tres monedas redondas, nítidas, brillantes aparecieron en las palmas de las manos prolijamente repartidas.

Tres monedas doradas, tres monedas de sol.

Cerrar los puños y guardar rápido en los bolsillos esas monedas.El bolsillo sensible a la soledad se llenó de tibieza intense hasta apagar el frío.

¿ Qué puedo comprar con esas monedas  me dije ?

Al menos transformar el frío en tibieza, esa fué la primera compra.

¡ Y después…?

Mire al sol. Como pude, y vi dibujados tres círculos como vacíos. Entonces con júbilo pensé-Tengo tres monedas de sol. Verídicas, intensas y genuinas en mis bolsillos.

Vi tantos chicos pidiendo moneditas en el costado del camino,

Vi tantas edades pequeñas, tantos tres, cuatro, cinco.. seis años pidiendo, con sus mocos gordos, sus pies descalzos, con escasas telas en marrón gastados por el tiempo en tierras y lluvias acumuladas, pero estaban allí cumpliendo un rol en el teatro del olvido, buscando monedas, corriendo entre autos como en una juego trágico, miradas de ingenuidad que tropiezan con tanta indiferencia.

¿Que puedo comprar con mis monedas de sol- ¿Me pregunté-?

¡Que lindo seria comprar comida..!

¿ Por qué no ?

Corrí al supermercado, y después a una tienda, a una casa de ropas, a una zapatería…y en el primer lugar después de elegir y llevar a la caja tantos changuitos repletos y que el ticket de la cajera creciera en el tableteo de  cifras hasta que se dibujara el ultimo número del total- Me dije- ¡ Qué locura estoy haciendo..!

Metí las manos en los bolsillos como buscando un imposible.

Los bolsillos estaban abarrotados de monedas que transmitían una ligera tibieza, comencé a sacar, a sacar más y más monedas, tantas monedas brillantes. Tantos pesos metálicos, niquelados y dorados de peso sobre peso hasta llegar a la cantidad que necesitaba.

¿ Cómo cambiaron las calles..?

Ya no había chicos al costado del camino.

Ahora el banquete era enorme.

Todos los chicos estaban comiendo. Bien vestidos, estrenando zapatos, sonrisas y juguetes.

Todo era espléndido y los chicos como en un cuento de hadas jugaban, comían y reían.

Con tres monedas de sol en cada mano. Se multiplicó el poder, el hace y el consumir.

Desde ese día, amé el buen tiempo especialmente los días de sol intenso y entendí la tristeza de los días grises y lluviosos.

 

Miguel Amado Tomé/ 2005

 


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